lunes, 5 de agosto de 2013

El destino de la sombra

Muchas veces tenemos la sensación de que hay circunstancias en nuestra vida que se repiten (el tan archiconocido Déjà vu). Con esto no quiero decir que se repitan de la misma forma que pudimos ver en su momento en la película "Atrapado en el tiempo" (Groundhog Day, 1993), donde un meteorólogo sufría una ¿maldición? que le obligaba a revivir el mismo día una y otra vez sin posibilidad de salir de este bucle espacio-temporal, sino que se manifiesta de un modo más sutil y en la que nuestra sombra juega un papel clave. 

Tal como dijimos anteriormente, la sombra alberga la oscuridad de nuestro ser, la cual no reconocemos porque contiene todas nuestras miserias (frustraciones, experiencias vergonzosas, dolorosas, temores, inseguridades, rencor, agresividad...etc.). Lo que no comentamos es que el comportamiento proveniente de esta es inconsciente, aunque puede haber casos en los que el individuo sea consciente de sus actos (o deseos ocultos) sin que sepa el móvil de los mismos.

De esta forma, vemos como las situaciones en la que nos sentimos "incómodos" o desbordados se repiten sin que sepamos el porqué, cambiando los actores y el escenario pero no el contenido (al menos en mi caso es así, no sé si les sucederá lo mismo a los lectores). En la mayoría de éstas siempre hay implicado/s algún aspecto/s de nuestra sombra que no queremos que salga a la luz, principalmente lo que se considera políticamente incorrecto. Muchas veces nos encontramos en una situación que no podemos aguantar y queremos huir, debido a que puede "escaparse" esa parte inconsciente de nuestro ser tan profunda.

Esto no quiere decir que cada vez que estemos "contra las cuerdas" debamos sentir miedo de nosotros mismos, puesto que por muy "diabólica" que pueda ser nuestra sombra, no todos sus aspectos son atroces, sino más bien opiniones o actitudes que no son del gusto de la "mayoría". 
Sabiendo esto, podemos plantear soluciones de como evitar la reiteración de situaciones, ya que no deja de ser una señal para que las superemos, las cuales incumben una parte de nuestro ser que necesita hacerse consciente para iluminar su oscuridad. El mismo Jung lo expresó en su cita célebre: "lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino".

Así mismo, el protagonista de "Atrapado en el tiempo" no "consigue" salir del bucle hasta que acepta lo que le sucede y cambia su actitud, es decir, se pone de acuerdo con esa parte de sí mismo que se resistía (aunque en el film ocurre de forma gradual).

Con este ejemplo vemos que la llave de nuestra salvación sigue estando en manos de nuestro gemelo oscuro, por lo que salir de esa reiteración en el tiempo supondrá descender al círculo más bajo de nuestra sombra.

viernes, 2 de agosto de 2013

Conociendo a Mr. Hyde...


Siempre hay una zona oscura en nuestro ser (podríamos decir con cierto gusto por lo sádico y macabra), que no conoce de conceptos morales pero, a la vez, es virtuosa con valores que carece nuestra parte "buena". No la entendemos, sin embargo, siempre está ahí, donde quiera que vayamos, atenta a nuestras decisiones, pensamientos y reacciones, preparada para salir en el momento menos pensado.

La aborrecemos cuando nos "posee", la odiamos, vemos los estragos que causa cuando nos percatamos que ha salido de su guarida, no obstante, en el fondo no podemos evitar sentir cierto gusto por sus actos, regodearnos ante sus fechorías, deseosos de ser discípulos de semejante maestro.

Nos asaltan mil preguntas de quién puede ser, porqué actúa de semejante modo... no lo sabemos con certeza, pero vemos que hay cierta familiaridad con nosotros, lo cuál nos repugna aún más, cómo podemos tener afinidad con semejante engendro.

Tal demonio, por ponerle un nombre a esa maldad salida de ninguna parte, no deja de ser la cara oculta de nuestro ser, aquel territorio infranqueable de nuestra personalidad que encerramos bajo llave, atroz, cuál cenobita salido del cubo, lascivo y porqué no decirlo, psicópata, como el más cruel de la faz de la tierra.

Pero el alarmismo consecuente de tal concienciación no puede ser sino el principio de nuestra salvación, puesto que el encuentro con nuestro hermano oscuro no deja de ser otro resorte de nuestro verdadero ser.