viernes, 2 de agosto de 2013

Conociendo a Mr. Hyde...


Siempre hay una zona oscura en nuestro ser (podríamos decir con cierto gusto por lo sádico y macabra), que no conoce de conceptos morales pero, a la vez, es virtuosa con valores que carece nuestra parte "buena". No la entendemos, sin embargo, siempre está ahí, donde quiera que vayamos, atenta a nuestras decisiones, pensamientos y reacciones, preparada para salir en el momento menos pensado.

La aborrecemos cuando nos "posee", la odiamos, vemos los estragos que causa cuando nos percatamos que ha salido de su guarida, no obstante, en el fondo no podemos evitar sentir cierto gusto por sus actos, regodearnos ante sus fechorías, deseosos de ser discípulos de semejante maestro.

Nos asaltan mil preguntas de quién puede ser, porqué actúa de semejante modo... no lo sabemos con certeza, pero vemos que hay cierta familiaridad con nosotros, lo cuál nos repugna aún más, cómo podemos tener afinidad con semejante engendro.

Tal demonio, por ponerle un nombre a esa maldad salida de ninguna parte, no deja de ser la cara oculta de nuestro ser, aquel territorio infranqueable de nuestra personalidad que encerramos bajo llave, atroz, cuál cenobita salido del cubo, lascivo y porqué no decirlo, psicópata, como el más cruel de la faz de la tierra.

Pero el alarmismo consecuente de tal concienciación no puede ser sino el principio de nuestra salvación, puesto que el encuentro con nuestro hermano oscuro no deja de ser otro resorte de nuestro verdadero ser. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario